Ella no podía conciliar el sueño y ya era la media noche. Se levanto y miró por la ventana. Vio que el cielo estaba limpio, despejado y busco la luna. La encontró fácil. Ahí estaba repleta de luz enseñoreándose de la noche.

Ana había tenido un mal día. Había perdido el autobús y tuvo que caminar hasta la estación del metro que estaba a nueve calles de la estación del autobús. Camino pensando que el conductor del autobús estaba detenido y por más que ella trato de llamar su atención de mil maneras, no consiguió que este la mirara y mucho menos que le abriera la puerta. Como si fuera Invisible.

En la oficina se sintió invisible también. Nadie le daba una sonrisa ni le decía una palabra amable. Solo pasaban por su escritorio y le dejaban o recogían papeles. La única persona que osó hablarle fue el mensajero de sistemas que le trajo la “amable” nota de reclamo por haber llegado tarde. Sin embargo solo le dijo lo siento y no espero respuesta y se alejó revisando algunos papeles.

Pero lo peor había sucedido casi a las cuatro de la tarde, hora de salir. Su ex -marido la había llamado a la oficina. Nunca antes la llamó; ni estando casados.

-Que va a querer ahora.- Pensó Ana algo inquieta.

-Hola querida, como estás hoy.- Dijo su"ex" con una amabilidad que a ella le pareció extraña.

-Dime lo que deseas rápido que tengo una cita y necesito irme de inmediato.- Ella no pudo mas que sonreír cuando escucho lo bien que mentía.

-Bien.- dijo él rápidamente como leyendo una nota.- Quisiera saber si puedes salir conmigo esta noche, comemos y después tenemos sexo, como en los viejos tiempos.

Ana se sorprendió al principio de la calidad de ese cinismo pero se repuso y casi le gritó:

-Que clase de imbécil crees que soy?-

-No te exaltes, Dijo el con mas cinismo-Es que pensé que como nuestra separación no fue por causa del sexo sino de otras cosas…

Ella interrumpió aquella conversación sin sentido.-Si quieres sexo, vete a tirar a tu madre, cabrón.- Tiro el teléfono y salio precipitadamente de aquel edificio porque se sentía ahogada.

Ana seguía mirando la luna mientras recordaba todos esos incidentes y dijo casi sin pensarlo:

-Luna lunita cascabelera y: Si yo pudiera ser invisible?-

Entonces se acostó y durmió profundamente hasta que sonó su despertador.

Se levantó automáticamente y se fue, como de costumbre con los ojos cerrados hacia el baño. Quiso mirarse en el espejo pero no vio nada. Se restregó los ojos para poder ver mejor pero solo vio su bata de dormir parada frente al espejo. Casi se desmaya de la impresión y tuvo que correr hacia su cama y sentarse.

-Que me está pasando?

Al principio no le gustó nada la idea de andar de invisible por ahí pero después fue considerando sus opciones. Decidió ir a visitar a todos los lugares donde solía pasar un día como ese, pues era martes. Se desnudó completamente y se fue caminando para la oficina. Siempre quiso, en un día caluroso de verano, desnudarse para andar por ahí sin preocuparse del calor. Que pensaría su madre si supiera que ella caminaba de lo más oronda (pero desnuda) por Biscayne Boulevard?

Pasó toda la mañana en la oficina. Oyendo las conversaciones de sus compañeros de trabajo se enteró que ellos no la querían porqué, a pesar de ser eficiente y cumplidora de su trabajo, casi no compartía con ellos. También se entero que su jefe la necesitaba para hacer funcionar esa oficina pero que le disgustaba mucho que fuera tan huraña y callada. No le gusto mucho lo que se decía de su personalidad y decidió salir de allí para caminar por sus lugares favoritos.

El olor del café cubano le dio una idea de donde ir primero. Caminó derecho para la pequeña cafetería donde el café sabía a gloria, pero desistió de pedir su acostumbrado expreso con dos de azúcar, porque nadie la atendía. Cosas de la invisibilidad.Tampoco la viola mesera que siempre la atendía y le daba una sonrisa todas las veces que tomaba su café. Extrañó más que nunca esa sonrisa.

Entonces enfiló sus pasos hacia "la esquina de la primavera", como la llamaba ella. Allí había un anciano que vendía flores. Cuando ella le compraba cada semana las flores que ponía en la mesita de la entrada, el le regalaba un atadito de alelíes con ramitas de romero para que oliera a rico. Pero, otra nueva desilusión porque el anciano tampoco la veía.

-Y si le hablo? No, el anciano podría pensar que se esta volviendo loco.- Pensó.

También desistió de tomar algo por temor de asustarlo y mejor siguió su camino.

Mientras caminaba para su casa empezó a tener pensamientos sombríos. Ya se consideraba innecesaria antes de estar invisible, ahora sentía que no era nada.

-Soy amargada, tonta, insegura y solitaria- Se dijo. –Que sentido tiene vivir en esas condiciones? Y ahora que soy invisible ni siquiera puedo pensar en disfrutar de las pequeñas cosa de la vida. Que me queda? Nada, solo morir.

Después que llegó a su apartamento se sentó en la tina del baño abrió la llave y la tina comenzó a llenarse. Mientras el agua corría y acariciaba su cuerpo ella pensaba en la forma de terminar con su vida.

-Y si me ahogo? No, seria terrible porque es muy demorado y traumático. Entonces, cortarme las muñecas? No, la sangre me mataría de susto y yo quiero hacerlo tranquilamente.-

Comenzó a llorar cuando comprendió que no tendría el valor de matarse.

-Ni para esto tengo valor, no valgo nada.- Y este pensamiento la frustró mas.

Salio de la tina apresuradamente y corrió a la ventana para ver la luna. Como la noche anterior ella estaba allí serena, imperturbable.

Ana preguntó a la luna: -Que debo hacer lunita, dímelo tú?-

Pero la luna ni pestañeaba.

Entonces comenzó a pensar el porque no había podido suicidarse y se dio cuenta que tenia temor a morirse porque amaba la vida. Porque le iban a hacer falta el café, las flores, el trabajo, su madre y todo este redondo planeta, que con sus ires y venires, era su hogar. Comenzó a encontrarle sentido a su existencia: Ella había venido a este mundo a vivir y no a ver a los demás vivir sus vidas, mientras, ella se conformaba con ser algo así como un mueble.

Decidió, Ana, ser un ser que lo entrega todo para que cuando muera, de vieja, los campos estén repletos de flores que ella ha plantado.

Entonces hizo lo que hacen todos los que toman esta decisión: Se lavó la cara con agua muy fría para borrarse la tristeza y cuando el agua comenzó a tocarle el rostro este se hizo visible. También pudo ver sus manos y entonces entró a la ducha para que el agua se llevara todas sus miserias y desde ese día, Ana, vive feliz.

Por que la vida... Es puro Cuento.