Mi madre rabia contra mi porque yo nunca se decir " no" cuando alguien me pide un favor.
-Ay mi Willis, menos mal que no eres mujer o estarías lleno de hijos.-
Me dice mami muerta de la risa y con tono de compasión.

Como les he contado a mi se me ocurrió la feliz idea de escribir cartas para enderezar entuertos y mi hermano quiso seguir mi ejemplo y escribir sus propias misivas. Esto resultó en un problema para mi porque me tuve que graduar de cartero.

Mi hermano tenía en la mira una muchacha que vivía a la vuelta de la esquina ( no es una mera expresión). La muchacha era muy hermosa. Ojos grandes y negros, cabello negro y largo ( Luenga cabellera diría mi profesor de literatura) y un armonioso y esbelto cuerpo. Pero lo que mas me atraía de la muchacha era su sonrisa amplia, fresca y divina. Por supuesto a mi hermano lo tenía "atembao"(Tonto y Bobo pero, eso si bien imbécil). Entonces a Jaime, como se llama mi hermano, le vino la feliz idea de escribirle una carta de amor y la, no menos feliz idea, de que yo se la llevara a la chica. Al principio me negué por supuesto.
-No, no. Naranjas!-
-Ay Wilsao que te cuesta?-
-No me cuesta nada , pero: Por que no se la llevas tu mismo?-
Jaime, como todo buen intrigante ya tenia todas las respuestas.
-Es que me da un poquito de vergüenza y quiero que lea primero mi carta antes de hablar con ella. Ella me gusta y yo se que le gusto y con esta carta espero poner las cosas claras. Después ya veremos.-
-Alto ahí. Quieres decir que nunca le has hablado?-
-Pues no.-
Esto me pareció bastante tonto para un muchacho de quince años. Yo ya había superado la vergüenza de hablar con las chicas que me gustaban desde los diez u once. No dije nada por ahorrarme disgustos pero entonces le explique más razones de peso para no hacerlo.
-Deberías hacerlo tu mismo. Pero en el hipotético caso de que yo decidiera hacerlo: Que vamos a hacer con el perro?-

El Papá de la chica en cuestión tenia un perro grande, feo, fiero y muy agresivo que no dejaba que nadie se acercara a la casa o siquiera pasara por la vereda. El hombre disfrutaba desde su ventana ver como las personas eran acosadas por ese animal de raza indefinida pero de muy malas pulgas.

-Ese Problema lo tengo resuelto.-
Cuando Jaime dice que tiene resuelto el problema es que lo tiene resuelto.
-Y el Papa? Porque ese Señor es un desgraciado.-
-Bueno por supuesto lo haremos cuando el se vaya.-
-Mira Jaimito. Si llego a tener algún problema por esto me voy a enojar y tu sabes que yo enojado soy insoportable.-
-Noooooo, ningún problema. Al contrario me tendrás como tu fiel servidor el resto de tu vida.-
Accedí a hacerlo pero con muchos reparos porque el padre de la chica es cosa aparte. Un día un vecino que tuvo problemas con el por causa del perro le dijo algo que lo definió perfectamente:
-Su madre podrá ser una santa, señor; pero, lo que es usted, es un hijo de p...

Y entonces partí a entregar la dichosa carta… pero esa es otra historia.