Yo siempre he tenido una animadversión a ver las personas muertas o siquiera a asistir al velorio. Al entierro voy porque hay que acompañar a los deudos y, lo mas importante, porque soy bien macho.

Hablando con mi madre en estos días le comente un episodio muy embarazoso que me sucedió. La madre de un amigo murió y yo no quise asistir al velorio. Pensando que la tendrían dos días en cámara ardiente, llegue a la cremación un poquito tarde: un día después. Mi madre rió divertidisima a pesar de lo trágico del asunto y me contó el motivo de mi terror a los velorios y lo ataúdes ocupados y abiertos.

Tendría yo cinco años cuando avisaron a mi madre que una tía abuela suya, que rondaba por el siglo, había muerto. Ella no era tampoco amiga de andar tomando chocolate en los velorios y mucho menos "rajando" del publico en los mismos. pero decidió asistir porque... bueno nunca supo porque (porque se le metió el diablo, creo yo). Entonces nadie la quiso acompañar y entonces el único lo suficiente mente grande para ir y lo suficientemente chiquitín para oponerse era yo. Así las cosas, Salimos los dos para el dichoso velorio.

Por el camino mi madre me dio la conocida pastoral: Nada de malcriadeces, prohibido dar patadas a las cosas, no molestar a tu madre cuando este hablando y cuidadito con tus impertinencias. No quiero que hables con nadie de nada y solo me hables a mi. Con tantas indicaciones que medio me dejo aturdido quince minutos al cabo de los cuales se me olvidaron.

una vez llegamos me pareció divertido dar de puntapiés las coronas de flores, me conseguí un amiguito para ponernos a correr alrededor del ataúd. (mi amiguito fue neutralizado y me quede solo y con ganas de joder (como diría mi papa). Entonces me conseguí un asiento y me subí a ver la viejita. Entonces comencé a dar mi opinión experta:

-Que viejita tan fea-

Aunque todos estaban de acuerdo con migo les dio dolor de estomago y me bajaron del asiento como si yo hubiera cometido un crimen. Me dejaron con mi mama y ella después de pellizcarme dulcemente se olvido de mi. El descuido le costo volverme a ver en el asiento tratando de coger el ramito de violetas que le habían puesto en el tocado. El grito de las nietas de la susodicha alertaron otra vez a mi mamita quien me repitió la dosis y me advirtió:

-Una mas y te llevo colgando de las orejas para la casa, caballerito.-

Pero siempre he sido sinvergüenza y ni de vainas me surtió efecto la amenaza. Y como nadie tuvo la inteligencia de quitar el asiento yo me volví a subir. Pero esta vez, por alguna razón solo me quede viendo el rostro de la anciana y entonces, súbitamente, se le abrieron los ojos. No fue como en las películas, de par en par sino un tantito; pero fue suficiente para pegarme el susto de mi vida y para toda mi vida. Me caí del asiento y me dio un ataque de histeria suficiente para que mi madre me agarrara por las orejas y me llevara corriendo para la casa. Al cabo de un rato de haberme llevado a los topes a la casa mi madre fue a verme a mi cuarto y me dijo:

-Condenado, me salvaste de una noche muy larga-

Y después de haberme consolado le pude contar lo sucedido. Ella me explico que suele suceder que los difuntos sufran espasmos musculares.

Espasmos musculares?Mis calzones. Ya se podrán imaginar el terror que tengo a los velorios