Ha estado lloviendo todo el día. En Bogotá no caen, por esta época, grandes aguaceros. Solo cae una llovizna con mucha brisa y un frío que cala los huesos.

La espero desde hace mucho tiempo, tanto que ya no se cuanto. Para distraerme he estado mirando todo por la ventana de la cafetería y me asombra la vitalidad de la ciudad. Los chicos cargados con libros que corren para la universidad, se tapan la cabeza con ellos, mientras el resto del cuerpo se cubre de agua muy fría. Allí un valiente debajo de un paraguas negro con otros diez paraguas para venderlos a los empapados parroquianos. Una señora perfectamente vestida a la que un vehículo que ha dado la vuelta a mucha velocidad le ha lanzado un montón de agua (ella casi ahogada le ha recordado el no muy elogiable trabajo de la anciana madre del conductor). En la otra esquina Hay una mujer gorda que vende golosinas, cigarrillos y otras chucherías, cubierta con un plástico gigante, oyendo radionovelas en un transistor y ajena a la lluvia y a la gente que corre (como si corriendo nadie se mojara). Justo enfrente de mi pero en la calle un hombre muy joven que también lleva algún tiempo esperando y que esta muy mojado sonríe con la sonrisa mas brillante pero estúpida cuando su "adorado tormento" llega pidiendo mil perdones por la demora ( ya no siente frío y juraría que esta muy seco el distraído). Por la acera de enfrente corren unos chiquillos con uniforme, inmunes al frío y hechos un mar de lo mojados que están. Los chicos corren y saltan sobre los charcos mojando a todos los que están a su alrededor. La gente los maldice y le hacen el "ole" al agua pero se resisten a ser mojados mas y se van corriendo. Un par de ancianas se amontonan debajo de una diminuta sombrilla que solo les cubre la cabeza mientras las gotas les caen por los hombros. Ellas no lo sienten porque tienen unos abrigos gruesos y botas contra el agua). Una chica con una minifalda da griticos cuando una gota de agua le cae en las piernas y parece una gata pues agua es lo que hay por todas partes. El trafico esta de tenido y veo la cara de los pasajeros de un bus que miran por las ventanas sin ver y que continuamente observan el reloj para reprocharle lo lento del paso del tiempo.

Después de mi cuarta taza de café y mi sexta empanada llegas tu y casi te odio por romper la magia de este instante.