Eran los tiempos en que no había muchas carreteras, es mas, ni siquiera trochas por donde pasaran las mulas o los caballos.

Abel Antonio Villa era músico de profesión. Profesión que lo llevaba río arriba y río abajo; de pueblo en pueblo,  para rebuscarse unos peso con que vivir. No ganaba mucho. Apenas se compraba ropa y le daba algunos pesos a su madre  viuda.

Sin embargo Abelito (como lo llamara su abuela y su madre era el alma del pueblo. Todos los días en punto de la seis de la tarde comenzaba a ensayar en la entrada de su casa, debajo de una ceiba centenaria y con el viento fresco que desciende de la Sierra Nevada de Santa Marta. Estos ensayos, la mas de las veces,  se convertían en una parranda que se prologaba hasta el amanecer del otro día.

Sobra decir que cuando Abelito tenia que viajar a otro pueblo el suyo podía dormir en paz, pero se tornaba triste y letárgico.

Una tarde de lunes, todo el mundo esperaba el retorno de Abelito que había viajado a un pueblo a seis hora en vapor, pero en su lugar, llego una lancha a traer la noticia que el vapor se había hundido y todos los ocupantes y la tripulación habían muerto.  La noticia fue devastadora. todos sintieron ganas de llorar. desde el Cura hasta el alcalde. Las chicas se desplomaron y corrieron lagrimas de amores frustrados. Los amigos callaron y su madre sintió que ella también se moría. Los tres hermanos gritaron de dolor y las dos hermanas se abrazaron para llorar juntas. Abel Antonio Villa había muerto y con el la alegría.

Pero Aquel Lunes, Abelito no había subido a aquel vapor. El como trovador y mensajero había llevado declaraciones de amor  mensajes de despecho a enamorados y enamoradas algunos días antes de la gran fiesta del santo patrono de San Cipriano.  Había sido tan efectivo que el sábado anterior al accidente del vapor la fiesta estaba abarrotada de parejas que iniciaban o reiniciaban amores y querían bailar con las canciones del acordeón de Abelito. Tan buena estaba la parranda que se prolongo hasta el domingo bien entrada la noche. todos le debían a Abelito su nuevo amor y querían pagarle ofreciendole una copa,  El ron no solo tumba piratas sino músicos y Abelito cayo como un fardo y no se despertó para embarcarse y así se salvo de la muerte,

Pero como volvería a su casa si el vapor sube por el río el jueves y baja los lunes? pues en piragua (canoa). un grupo de agradecidos los llevaron río abajo pero tuvieron que parar muchas veces y mucho tiempo debido a que la creciente que había hundido el vapor llevaba troncos e innumerable basura a mucha velocidad y hacia peligroso el viaje. Resultado? Llego a su pueblo cinco días después de lo pensado (aunque debo anotar que en cada parada se armaba una parranda)..

Cuando Abelito regresaba a su pueblo caminaba desde el río hasta su casa tocando su acordeón para que la recepción fuera mas emocionante. cuando los deudos y los dolientes escucharon el acordeón pensaron que se trataba de un fantasma y se asustaron hasta el blanco. Solo un niño sobrino de Abelito se animo a ir a encontrarse con el y cuando se dio cuenta que no era fantasma sino de carne y hueso corrió a comunicar la noticia y así el susto se fue. El que se asusto hasta el infarto fue Abelito cuando llego al quinto día de su propio velorio, (recuerden que se hacían nueve noches de velorio).

La "cosa" fue de la profunda tristeza hasta la mas exultante alegría y todo termino en parranda, como de costumbre.

De esta historia Nació uno de los vallenatos mas emblemático de ese folklore y lo he posteado por si ustedes lo quieren oír:

Autor: Abel Antonio Villa
Interprete: Alfredo Gutiérrez.

(Algunos nombres y lugares han sido cambiados).